sábado, 22 de octubre de 2011

LA BOTELLA DE CHAMPAGNE ESPERARÁ


Las palabras prometedoras de ayer, pronunciadas por tres encapuchados de la banda terrorista ETA, han sido un bálsamo para muchos, entre los que me encuentro yo, pero la botella de champagne seguirá en su lugar, en la espera de acontecimientos por parte del pueblo vasco y de bastantes de sus políticos.
Hoy, me he hinchado a leer prensa escrita, alejado como siempre de periódicos extremistas a los que parece no sentarles bien lo acontecido. En general todos recomiendan prudencia, la misma que voy a adoptar yo.
Un servidor, siempre en positivo, comienza a barruntar sino será ETA, la bala en la recamara que el pueblo vasco y los afines a los etarras, se guardan para comenzar a solicitar cosas como las de hoy, dentro del marco de una macro manifestación por Bilbao.
Se ha llegado a solicitar la libertad de los presos, el reconocimiento a la Nación Vasca y a su autodeterminación, es decir, a su independencia. El NO absoluto a estas postulaciones en plétoras tempraneras, son las que me dejan algo intranquilo, y me den por pensar: "Que no debamos ser en demasía crédulo".
No deseo, bajo ningún concepto ser agorero como el tipo de prensa descrito. Pero, tratándose de una banda de asesinos, creo que a imagen y semejanza de lo ocurrido en Ulster, deberían de comenzar por entregar las armas, y aún así, quién sabe cuántas tienen y cuántas se guardan. Y no olvidar que más tarde el IRA, tras esa entrega de armas volvió a matar.
¡Ojalá que no ocurra aquí lo mismo! O lo peor, que sea una estratagema para solicitar cosas imposibles de conceder ni al pueblo vasco ni a los presos de ETA. Ésta, bebiera comenzar por realizar una declaración solicitando perdón a los familiares de las víctimas y de la entrega de armas, y el pueblo vasco y los partidos independentistas, poseer algo de paciencia como para comenzar con tanta rapidez a solicitar cosas que no se le puede conceder.
De momento, la botella de champagne esperará y un servidor, será muy prudente pero pensando en positivo.
José Pardo Ferrer.

viernes, 21 de octubre de 2011

EUSKADI TA ASKATASUNA


Tras cincuenta años de asesinatos, ayer día 20 de octubre de 2011, ETA anuncia en un comunicado el cese definitivo de la actividad armada. Todo un éxito para la democracia y, muy a pesar de las críticas –entre otras las mías propias– se la ha derrotado a través del diálogo y cómo no, desde que Francia dejó de ser el Edén de la banda terrorista en San Juan de Luz y sus aledaños.
En cualquier caso, no debemos de ser tan mezquinos, como para quitarle méritos a Rubalcaba ni a Zapatero, en cuánto a que:
Durante el Gobierno socialista de Zapatero, y Alfredo Pérez Rubalcaba como Ministro del Interior, ETA anuncia el fin a su violencia. Sin olvidar como es lógico, la magnífica labor de nuestras fuerzas policiales y de la Benemérita.
Esto, me recuerda al señor Morán, aquel desgarbado primer Ministro de Asuntos Exteriores en los albores de la democracia, y que tantos chistes se realizaban sobre él, pero que bajo el mandato de Felipe González, pasó a la Historia de España, por haber logrado meter a nuestra Patria dentro de la Unión Europea. La Historia, está para recoger datos precisos y concretos. Y ayer, ETA en el tiempo añadido para el gobierno de Zapatero, se ha entregado, y así pasará a la Historia de España.
Le quedarán al nuevo Presidente, muchos flecos que pulir, y muchas cosas a las que decir NO, pero ya será un tema de diálogo, sin olvidar que todos los presos que existen, deben de cumplir sus condenas: SÍ o Sí.
Mañana, si puedo y poseo tiempo, dedicaré muchas más líneas a este tema.
José Pardo Ferrer.

miércoles, 19 de octubre de 2011

DURÁN I LLEIDA DESVARÍA

Piensa y dice que, PP y PSOE están en contra de Cataluña. No señor Durán, es Cataluña la que está en contra de toda España y de todo lo español. Dentro de Cataluña, como es lógico le incluyo a usted, a sus seguidores partidistas e independentistas y cómo no, a sus compañeros de viaje dentro de CiU. Y de nuevo, nos encontramos a través suyo con otro charnego ejerciendo de catalán, esta vez oscense. Clamando y voceando cual feriante de antaño, como el turolense o el cordobés provinciano. Los cuales han dejado a Cataluña como a la Comunidad más endeudada de España.
Esto, es una realidad, y lo demás, demagogia barata y equívoca dedicada en plan proclama para confrontar, más si cabe, a los catalanes con España.
Esta es, su humillante y de baja ralea misión, mentirle al pueblo que le ha acogido para tapar todas las deficiencias políticas, sociológicas y económicas de todos sus gobernantes de "got i ganibet" como usted. 
Aunque no le alcance mi escrito, aquí queda para muchos lectores, España y los españoles/as en general, estamos hasta los mismísimos de Cataluña y de sus pretensiones muy por encima de su triste realidad histórica y actual, dejando al margen la lengua.
Usted señor Antonio –le llamo así, por ser procedente en Cataluña– lo que debe de hacer es pecar menos de soberbio, ser más justo y ecuánime; menos voraz y avariento y mientras viva en tierra ajena, defender a su País: España. Lo demás bufes de pato.
José Pardo Ferrer.

martes, 18 de octubre de 2011

AZNAR Y EL 15M


El 15M, es un movimiento al que muchos no le auguraron ningún futuro, todo lo contrario a un servidor, y que ya en sus primeros días, les dediqué tres escritos en esta mi humilde página web, tras beber información en su propia fuente.
Un servidor, es un indignado con los políticos de todas las riberas, y con el dinero de España que se está escurriendo como agua de una cesta para favorecer a los bancos. ¡Menuda golfería!
El Pasado día 15, en todo el mundo y en varios centenares de ciudades, gente de todas las edades, manifestaron la indignación en contra de los bancos, la corrupción de los políticos y de la carestía de futuro digno.
Pero, que el movimiento 15M, ha cobrado una enorme relevancia, se hace palpable cuando comienza a molestar a políticos y ex políticos –en el supuesto de que existan los ex– y como muestra más palpable por su maligna cercanía a los españoles, están las declaraciones de Aznar, en las que irritado, les tacha de extrema izquierda.
Yo también pienso lo mismo, por sus enunciados, al menos a través de las referencias que el director de prensa en Valencia me dio como ideario principal, y el cual yo diseccioné. Pero, usted señor Aznar, no puede criticar, el ser o no, de extrema izquierda, siendo usted de extremísima derecha.
En el PP, el partido político que usted durante ocho años dirigió, se encuentran aglutinadas todas las derechas más recalcitrantes de España, y nadie dice nada, incluso podría ser que el próximo 20N ganen las elecciones –aunque le auguro una pírrica asistencia a las urnas y muchos votos en blanco.
A partir de estos supuestos, España sería gobernada por el PP –extrema derecha pura y dura– y ya pueden disfrazarse de lagarterana que seguirán siendo lo mismo, es lo que hay y punto. A partir de ahí, ¿qué le molesta o importa a usted si el 15M es marxista o de IU?
Verá señor Aznar, si en el mundo occidental hubiese Justicia, usted, Blair y Bush estarían en la cárcel de por vida por la invasión de Irak, y por haber ocasionado cientos de miles de asesinatos en aquel país. Usted no es el más indicado para hablar y sí para callar. Amén.
José Pardo Ferrer.

domingo, 16 de octubre de 2011

LOS HUÉSPEDES





Hay varios tipos de huéspedes. Lo mismo le ocurre al DRAE y que, por definición lo realiza según casos. Para mí, los hay de dos clases: Los que pagan un hospedaje, y aquellos que sólo los ves a las horas de las comidas.
Dentro de los segundos, los hay fijos y variables. Por ejemplo, aquel hijo, que se pasa el día por ahí sobre todo en vacaciones, y viene a comer y dormir. Vulgarmente a éste, solemos decirle: “Que la casa no se le caerá encima”.
Más tarde, o a continuación, poseemos el huésped, casi fijo, de un día dentro de los fines de semana, y que por ser el hijo, llega acompañado o cargado con el “mueble” sobre su chepa, de su esposa, y la entrañable hija de ambos próceres, nuestra nieta.
Estos huéspedes, sólo llaman para decir que van a venir. Pero, no anuncian la hora de llegada ni la de su marcha. A la hora qué sea, la comida preparada, y ellos mismos preparan la mesa, comen y durante la comida se convierten en dos mecedoras, más paradas que el caballo del retratero. Silencio absoluto y ni un balanceo.
Otra cosa es la niña, que al encontrar cariño en sus yayos, no para y mantiene viva la comida. El resto, un funeral de incómoda situación. A una pregunta, la respuesta es un monosílabo: Sí, no, no sé, etcétera. Vamos, toda una “mierda” con perdón de la mesa, o sin él. Acabada la comida, el futuro dueño de esta humilde morada, se tumba en el sofá a dormir su siesta. Entretanto, la nuera o hija política, como “políticamente se las denomina”, pone cara de mueble regio e inmutable. Mejor ausentarte a tu aposento. De la nieta se encarga su yaya.
Cuando el “Herèu”, primogénito e único, se despierta, le da prisa a la pequeña tropa, carga con el mueble de nuestra “nuera” y en dos minutos desaparecen. La estancia se queda aseada aunque menos silenciosa, ya que al menos un servidor, sale de su escondrijo y comienza a realizar vida normal.
La normalidad de un hogar retoma su vida y sus sonidos. ¡Manda cojones, que yo, el dueño y señor de mi casa, me tenga que esconder de esa diminuta pandilla que la conforman dos gilipollas!
Y, cuándo así actúas, cansado del despreciativo silencio pleno de monosílabos, entonces eres un mal padre y peor y execrable suegro. Y claro, entonces la cizaña se esparce sobre el porteador de muebles y elimina la poca mies que queda en el “Herèu”.
Y, ya uno, que es mayor, de pueblo y labriego ancestral pleno de inocencia se pregunta: ¿Qué habré hecho yo mal en esta vida para merecer esto? Pero, el sentido común se restablece tras el diminuto apagón y piensa: ¡Nada, échale dos cojones Pepe! ¡Cómo siempre! ¡Y qué se jodan, o que jodan! Ya que al menos están en edad de lo segundo y realizan méritos para lo primero.
¡Qué así sea!
José Pardo Ferrer.
Hay varios tipos de huéspedes. Lo mismo le ocurre al DRAE y que, por definición lo realiza según casos. Para mí, los hay de dos clases: Los que pagan un hospedaje, y aquellos que sólo los ves a las horas de las comidas.
Dentro de los segundos, los hay fijos y variables. Por ejemplo, aquel hijo, que se pasa el día por ahí sobre todo en vacaciones, y viene a comer y dormir. Vulgarmente a éste, solemos decirle: “Que la casa no se le caerá encima”.
Más tarde, o a continuación, poseemos el huésped, casi fijo, de un día dentro de los fines de semana, y que por ser el hijo, llega acompañado o cargado con el “mueble” sobre su chepa, de su esposa, y la entrañable hija de ambos próceres, nuestra nieta.
Estos huéspedes, sólo llaman para decir que van a venir. Pero, no anuncian la hora de llegada ni la de su marcha. A la hora qué sea, la comida preparada, y ellos mismos preparan la mesa, comen y durante la comida se convierten en dos mecedoras, más paradas que el caballo del retratero. Silencio absoluto y ni un balanceo.
Otra cosa es la niña, que al encontrar cariño en sus yayos, no para y mantiene viva la comida. El resto, un funeral de incómoda situación. A una pregunta, la respuesta es un monosílabo: Sí, no, no sé, etcétera. Vamos, toda una “mierda” con perdón de la mesa, o sin él. Acabada la comida, el futuro dueño de esta humilde morada, se tumba en el sofá a dormir su siesta. Entretanto, la nuera o hija política, como “políticamente se las denomina”, pone cara de mueble regio e inmutable. Mejor ausentarte a tu aposento. De la nieta se encarga su yaya.
Cuando el “Herèu”, primogénito e único, se despierta, le da prisa a la pequeña tropa, carga con el mueble de nuestra “nuera” y en dos minutos desaparecen. La estancia se queda aseada aunque menos silenciosa, ya que al menos un servidor, sale de su escondrijo y comienza a realizar vida normal.
La normalidad de un hogar retoma su vida y sus sonidos. ¡Manda cojones, que yo, el dueño y señor de mi casa, me tenga que esconder de esa diminuta pandilla que la conforman dos gilipollas!
Y, cuándo así actúas, cansado del despreciativo silencio pleno de monosílabos, entonces eres un mal padre y peor y execrable suegro. Y claro, entonces la cizaña se esparce sobre el porteador de muebles y elimina la poca mies que queda en el “Herèu”.
Y, ya uno, que es mayor, de pueblo y labriego ancestral pleno de inocencia se pregunta: ¿Qué habré hecho yo mal en esta vida para merecer esto? Pero, el sentido común se restablece tras el diminuto apagón y piensa: ¡Nada, échale dos cojones Pepe! ¡Cómo siempre! ¡Y qué se jodan, o que jodan! Ya que al menos están en edad de lo segundo y realizan méritos para lo primero.
¡Qué así sea!
José Pardo Ferrer.

LOS HUÉSPEDES mismo le ocurre al DRAE y que, por definición lo realiza según casos. Para mí, los hay de dos clases: Los que pagan un hospedaje, y aquellos que sólo los ves a las horas de las comidas. Dentro de los segundos, los hay fijos y variables. Por ejemplo, aquel hijo, que se pasa el día por ahí sobre todo en vacaciones, y viene a comer y dormir. Vulgarmente a éste, solemos decirle: “Que la casa no se le caerá encima”. Más tarde, o a continuación, poseemos el huésped, casi fijo, de un día dentro de los fines de semana, y que por ser el hijo, llega acompañado o cargado con el “mueble” sobre su chepa, de su esposa, y la entrañable hija de ambos próceres, nuestra nieta. Estos huéspedes, sólo llaman para decir que van a venir. Pero, no anuncian la hora de llegada ni la de su marcha. A la hora qué sea, la comida preparada, y ellos mismos preparan la mesa, comen y durante la comida se convierten en dos mecedoras, más paradas que el caballo del retratero. Silencio absoluto y ni un balanceo. Otra cosa es la niña, que al encontrar cariño en sus yayos, no para y mantiene viva la comida. El resto, un funeral de incómoda situación. A una pregunta, la respuesta es un monosílabo: Sí, no, no sé, etcétera. Vamos, toda una “mierda” con perdón de la mesa, o sin él. Acabada la comida, el futuro dueño de esta humilde morada, se tumba en el sofá a dormir su siesta. Entretanto, la nuera o hija política, como “políticamente se las denomina”, pone cara de mueble regio e inmutable. Mejor ausentarte a tu aposento. De la nieta se encarga su yaya. Cuando el “Herèu”, primogénito e único, se despierta, le da prisa a la pequeña tropa, carga con el mueble de nuestra “nuera” y en dos minutos desaparecen. La estancia se queda aseada aunque menos silenciosa, ya que al menos un servidor, sale de su escondrijo y comienza a realizar vida normal. La normalidad de un hogar retoma su vida y sus sonidos. ¡Manda cojones, que yo, el dueño y señor de mi casa, me tenga que esconder de esa diminuta pandilla que la conforman dos gilipollas! Y, cuándo así actúas, cansado del despreciativo silencio pleno de monosílabos, entonces eres un mal padre y peor y execrable suegro. Y claro, entonces la cizaña se esparce sobre el porteador de muebles y elimina la poca mies que queda en el “Herèu”. Y, ya uno, que es mayor, de pueblo y labriego ancestral pleno de inocencia se pregunta: ¿Qué habré hecho yo mal en esta vida para merecer esto



Hay varios tipos de huéspedes. Lo mismo le ocurre al DRAE y que, por definición lo realiza según casos. Para mí, los hay de dos clases: Los que pagan un hospedaje, y aquellos que sólo los ves a las horas de las comidas.
Dentro de los segundos, los hay fijos y variables. Por ejemplo, aquel hijo, que se pasa el día por ahí sobre todo en vacaciones, y viene a comer y dormir. Vulgarmente a éste, solemos decirle: “Que la casa no se le caerá encima”.
Más tarde, o a continuación, poseemos el huésped, casi fijo, de un día dentro de los fines de semana, y que por ser el hijo, llega acompañado o cargado con el “mueble” sobre su chepa, de su esposa, y la entrañable hija de ambos próceres, nuestra nieta.
Estos huéspedes, sólo llaman para decir que van a venir. Pero, no anuncian la hora de llegada ni la de su marcha. A la hora qué sea, la comida preparada, y ellos mismos preparan la mesa, comen y durante la comida se convierten en dos mecedoras, más paradas que el caballo del retratero. Silencio absoluto y ni un balanceo.
Otra cosa es la niña, que al encontrar cariño en sus yayos, no para y mantiene viva la comida. El resto, un funeral de incómoda situación. A una pregunta, la respuesta es un monosílabo: Sí, no, no sé, etcétera. Vamos, toda una “mierda” con perdón de la mesa, o sin él. Acabada la comida, el futuro dueño de esta humilde morada, se tumba en el sofá a dormir su siesta. Entretanto, la nuera o hija política, como “políticamente se las denomina”, pone cara de mueble regio e inmutable. Mejor ausentarte a tu aposento. De la nieta se encarga su yaya.
Cuando el “Herèu”, primogénito e único, se despierta, le da prisa a la pequeña tropa, carga con el mueble de nuestra “nuera” y en dos minutos desaparecen. La estancia se queda aseada aunque menos silenciosa, ya que al menos un servidor, sale de su escondrijo y comienza a realizar vida normal.
La normalidad de un hogar retoma su vida y sus sonidos. ¡Manda cojones, que yo, el dueño y señor de mi casa, me tenga que esconder de esa diminuta pandilla que la conforman dos gilipollas!
Y, cuándo así actúas, cansado del despreciativo silencio pleno de monosílabos, entonces eres un mal padre y peor y execrable suegro. Y claro, entonces la cizaña se esparce sobre el porteador de muebles y elimina la poca mies que queda en el “Herèu”.
Y, ya uno, que es mayor, de pueblo y labriego ancestral pleno de inocencia se pregunta: ¿Qué habré hecho yo mal en esta vida para merecer esto? Pero, el sentido común se restablece tras el diminuto apagón y piensa: ¡Nada, échale dos cojones Pepe! ¡Cómo siempre! ¡Y qué se jodan, o que jodan! Ya que al menos están en edad de lo segundo y realizan méritos para lo primero.
¡Qué así sea!
José Pardo Ferrer.
Hay varios tipos de huéspedes. Lo mismo le ocurre al DRAE y que, por definición lo realiza según casos. Para mí, los hay de dos clases: Los que pagan un hospedaje, y aquellos que sólo los ves a las horas de las comidas.
Dentro de los segundos, los hay fijos y variables. Por ejemplo, aquel hijo, que se pasa el día por ahí sobre todo en vacaciones, y viene a comer y dormir. Vulgarmente a éste, solemos decirle: “Que la casa no se le caerá encima”.
Más tarde, o a continuación, poseemos el huésped, casi fijo, de un día dentro de los fines de semana, y que por ser el hijo, llega acompañado o cargado con el “mueble” sobre su chepa, de su esposa, y la entrañable hija de ambos próceres, nuestra nieta.
Estos huéspedes, sólo llaman para decir que van a venir. Pero, no anuncian la hora de llegada ni la de su marcha. A la hora qué sea, la comida preparada, y ellos mismos preparan la mesa, comen y durante la comida se convierten en dos mecedoras, más paradas que el caballo del retratero. Silencio absoluto y ni un balanceo.
Otra cosa es la niña, que al encontrar cariño en sus yayos, no para y mantiene viva la comida. El resto, un funeral de incómoda situación. A una pregunta, la respuesta es un monosílabo: Sí, no, no sé, etcétera. Vamos, toda una “mierda” con perdón de la mesa, o sin él. Acabada la comida, el futuro dueño de esta humilde morada, se tumba en el sofá a dormir su siesta. Entretanto, la nuera o hija política, como “políticamente se las denomina”, pone cara de mueble regio e inmutable. Mejor ausentarte a tu aposento. De la nieta se encarga su yaya.
Cuando el “Herèu”, primogénito e único, se despierta, le da prisa a la pequeña tropa, carga con el mueble de nuestra “nuera” y en dos minutos desaparecen. La estancia se queda aseada aunque menos silenciosa, ya que al menos un servidor, sale de su escondrijo y comienza a realizar vida normal.
La normalidad de un hogar retoma su vida y sus sonidos. ¡Manda cojones, que yo, el dueño y señor de mi casa, me tenga que esconder de esa diminuta pandilla que la conforman dos gilipollas!
Y, cuándo así actúas, cansado del despreciativo silencio pleno de monosílabos, entonces eres un mal padre y peor y execrable suegro. Y claro, entonces la cizaña se esparce sobre el porteador de muebles y elimina la poca mies que queda en el “Herèu”.
Y, ya uno, que es mayor, de pueblo y labriego ancestral pleno de inocencia se pregunta: ¿Qué habré hecho yo mal en esta vida para merecer esto? Pero, el sentido común se restablece tras el diminuto apagón y piensa: ¡Nada, échale dos cojones Pepe! ¡Cómo siempre! ¡Y qué se jodan, o que jodan! Ya que al menos están en edad de lo segundo y realizan méritos para lo primero.
¡Qué así sea!
José Pardo Ferrer.

LOS HUÉSPEDES


Hay varios tipos de huéspedes. Lo mismo le ocurre al DRAE y que, por definición lo realiza según casos. Para mí, los hay de dos clases: Los que pagan un hospedaje, y aquellos que sólo los ves a las horas de las comidas.
Dentro de los segundos, los hay fijos y variables. Por ejemplo, aquel hijo, que se pasa el día por ahí sobre todo en vacaciones, y viene a comer y dormir. Vulgarmente a éste, solemos decirle: "Que la casa no se le caerá encima".
Más tarde, o a continuación, poseemos el huésped, casi fijo, de un día dentro de los fines de semana, y que por ser el hijo, llega acompañado o cargado con el "mueble" sobre su chepa de su esposa, y la entrañable hija de ambos próceres, nuestra nieta.
Estos huéspedes, sólo llaman para decir que van a venir. Pero, no anuncian la hora de llegada ni la de su marcha. A la hora qué sea, la comida preparada, y ellos mismos preparan la mesa, comen y durante la comida se convierten en dos mecedoras más paradas que el caballo del retratero. Silencio absoluto y ni un balanceo.
Otra cosa es la niña, que al encontrar cariño en sus yayos, no para y mantiene viva la comida. El resto, un funeral de incómoda situación. A una pregunta, la respuesta es un monosílabo: Sí, no, no sé, etcétera. Vamos, toda una "mierda" con perdón de la mesa, o sin él. Acabada la comida, el futuro dueño de esta humilde morada, se tumba en el sofá a dormir su siesta. Entretanto, la nuera o hija política, como políticamente se las denomina, pone cara de mueble regio e inmutable. Mejor ausentarte a tu aposento. De la nieta se encarga su yaya.
Cuando el "Herèu", primogénito e único, se despierta, le da prisa a la pequeña tropa, carga con el mueble de nuestra "nuera" y en dos minutos desaparecen. La estancia se queda aseada aunque menos silenciosa, ya que al menos un servidor, sale de su escondrijo y comienza a realizar vida normal.
La normalidad de un hogar retoma su vida y sus sonidos. ¡Manda cojones, que yo, el dueño y señor de mi casa, me tenga que esconder de esa diminuta pandilla que la conforman dos gilipollas!
Y, cuándo así actúas, cansado del despreciativo silencio pleno de monosílabos, entonces eres un mal padre y peor y execrable suegro. Y claro, entonces la cizaña se esparce sobre el porteador de muebles y elimina a la poca mies que queda en el "Herèu".